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lunes, 10 de noviembre de 2014

EL LOBO Y LA PALOMA por DORA GALÍN


El cielo cubierto de densas nubes espumosas, amenazaba la corriente traslúcida que el aire desparramaba sobre las frondosas hojas de los árboles, opacando la blancura de la paloma que habitaba en ellos.
Más abajo, rozando las raíces de vegetación diversa, con verdes brillantes salpicados de rocío, un lobo, husmeando a su alrededor, comenzó a olfatear el suelo, a frotar con sus patas, la tierra húmeda y las hierbas perfumadas, más los pétalos de flores dulzonas como la miel, que le iban despertando su apetito ya demorado, como caníbal en tiempos de abstinencia.
Recorrió agazapado el lugar, arrancando raíces tiernas y pequeñas ramas que se brindaban a sus garras y crujían entre los dientes de su bocaza, y que al devorarlos con fruición, aplacaban su estómago voraz. Echóse para atrás, algo satisfecho, a tomar un respiro y seguir en la búsqueda. Su vista alcanzó a divisar a la pequeña paloma, que ya había perdido su inmaculada blancura, teñida por el gris intenso del viento que se tornaba huracanado, haciendo balancear a la trémula ave, ya herida en sus suaves alas como abanicos cerrados.
Inmóvil, sin fuerzas, se dejó caer, no podía luchar más.
De pronto, un rugido estremecedor, muy cerca de ella, envuelto en una bocanada de aire denso, maloliente, le dio un vuelco, arrastrando su pequeño cuerpito desfallecido.
Oh!, el lobo tenía a su presa muy cerca, yacía en un hueco pequeño, en que las gotas demoradas de la lluvia, habían hundido la tierra. Las garras del animal se metieron en el pozo oscuro, lleno de hojas marchitas, amontonadas, resbaladizas, y a medida que las sacaba para devorarlas, el cuerpo del lobo se metía más profundo.
De pronto, un desprendimiento de tierra mojada, acumulada con restos de pedregullo y ramas, lo fue hundiendo hasta dejarlo completamente tapado.
Mientras, la paloma quieta, inerte, no sabía lo que estaba sucediendo.
El agua cesó, las nubes se aclararon pasando por un hermoso arco iris. El calor del sol, que irradiaba sus rayos como palas salvadoras, secó su cuerpo y sus alas, hasta que fue recobrándose de a poco, y pudo levantar vuelo.

DORA GALÍN

SUEÑO DE AMOR por DORA GALÍN




 Brazos que abrazan
como arcos humanos,
llevando la vida
en un sueño infinito.

Los cuerpos vibrantes,
los labios cercanos,
el beso esperado, latente,
como el mar bravío que busca la ola,
cobijando en su seno
el acto de amor más supremo.

DORA GALÍN


martes, 19 de agosto de 2014

UNA NIÑA EN MEDIO ORIENTE por ESTELA AIZENBERG




Deja ya de llorar mi pobre niña,
tu desconsuelo lastima y abre heridas
Amanece y el sol quiere abrazarnos
deja que su calor derrita tus espinas.

Piensa en un mañana
en un mundo más seguro
donde la paz florezca
y plasmes tu futuro.

ESTELA AIZENBERG

lunes, 18 de agosto de 2014

UN INSTANTE por GRUPO ASOMBRO de CISSAB




 “Los hijos de nadie, los dueños de nada, los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean” Eduardo Galeano

Soy Estrella; desde hace más de veinte años,  en días soleados de invierno, me siento frente a lo que fue la casa de Antonio Berni. Durante el verano, cruzo la avenida para protegerme del calor.
Cuando cae el sol, por la barranca, comienza a bajar tranquilo, con su mirada triste, Juanito Laguna; frente a la vidriera de la mejor panadería del barrio, me toma tímidamente con su áspera mano. Juntos, aguardamos.
Los ruidos de la calle se confunden con el cosquilleo casi doloroso, de nuestros estómagos hambrientos.
El aroma dulzón, ácido, que se va filtrando por la puerta entreabierta, acelera nuestra loca ansiedad.
Desde adentro nos mira con una sonrisa cómplice, el pastelero. Delantal y gorro blancos, bigote atrevido y tez morena, nos guiña un ojo.
-         El maná está cerca ¡No llores, bonito!
-         Quiero medialunas, Estrella; calentitas y con almíbar…
Lo tomo en mis brazos, acuno su hambre y como una nadie, dueña de la nada, recibo en mis manos el todo sabroso.
Por un instante, nuestra condición rejodida desaparece.
-         Ya está Juanito, podés volver al cuadro… Y mañana te espero.

GRUPO ASOMBRO de CISSAB
Coordinado por Any Carmona

lunes, 11 de agosto de 2014

MUJER MARIPOSA por ANY CARMONA























Mujer de cabellera áurea y pie de borseguí
Camina firme al viento hacia un presente de luz 
Con cuerpo equilibrista y sueños de nogal
Moldea su raza fuerte sobre rocas de dulzor

Mujer que limpia el légamo de su costilla rota
Con dolor de estirpe amorosa y tesón hecho de pan
Avanza y crece sin inclinar su juicio
Sólo ante ella misma, a su  fragante ser
Cofre de pétalos de rosa
Nido de caricias embrujadas

Mujer del Siglo veintiuno
Crece, muerde, ama, llora
Tiene la mirada transformada en lumbre de rescoldo
Los brazos en zarcillos como vides
Sobre la tumba de su vía crucis
Está en la brecha de su mutación herida
¡Porque es una crisálida convertida en mariposa!

ANY CARMONA





MORDEJAI, MI BUEN AMIGO por NORA MEDBEDIOFF



Mordejai Anielewicz: Comandante de la Organización de Lucha Judía (Żydowska Organizacja Bojowa, en polaco), también conocida como ŻOB, durante el levantamiento del gueto de Varsovia, durante la Segunda Guerra Mundial.


Mordejai, mi recordado amigo.
Extraño nuestras largas charlas sentados en piedras oscuras y frías entibiadas por tus ojos claros, afilados y centelleantes.
Solo, entre cortadas por la llegada de las bestias hitlerianas que buscaban pasajeros para el viaje final.
Cada noche nos despedíamos hasta el día siguiente; entonces tus interminables brazos magros y vacilantes me daban fuerza. El mañana estaba cerca.
No llegaste ¡Qué pena! Hubiera sido bueno seguir en la ruta abierta por vos, con bravura, feroz de libertad.
Mordejai, mi buen amigo, te amé en silencio. Tu figura enhiesta marcó mi camino desde Génova hasta América.
Me transformé en una mujer con mis nietos, que jamás te conocerán, perduraste en mis relatos en el museo de la calle Montevideo. Te llevé de la mano a relatar historias tristes salpicadas de lágrimas de rubí.
Mordejai, mi entrañable modelo ¡Gracias por estar en cada judío salvado, cincelado en la diáspora!

NORA MEDBEDIOFF

AQUELARRE por NORA MEDBEDIOFF




Aquelarre siniestro,
vuela entre misiles y pólvora.
Pirámides con cúspides rojinegras
miran la cara de mil niños asustados.
Un sino sepulcral pregunta mil veces por qué.
Mi alma desnuda de respuestas implora al Creador.
Negros, los pájaros, descienden a la nada.
Negros, los hombres, sellan sus labios.
Las semillas no germinan,
los árboles lloran,
la letanía se agiganta
en mi garganta que gime.
Las hojas del calendario,
húmedas de sangre, corren locas de espanto.
Los ojos del universo
son globos infectos que corroen insectos.
Abro mis brazos,
muerdo el vacío,
niego la razón que la guerra no comprende.
Dentro mío, oigo sirenas insondables.
Tapo mis oídos y lloro.
Lloro


NORA MEDBEDIOFF